La cumbre del clima de París marca “un antes y un después”, según expertos

Participantes en las negociaciones de la cumbre de París sobre el clima, celebrada en noviembre y diciembre pasados, explicaron el 15 de febrero en el Instituto de la Ingeniería de España los retos y las oportunidades que se presentan al mundo tras el pre-acuerdo firmado por 189 países para evitar que la temperatura suba más de 2º respecto al periodo pre-industrial, y que será ratificado en abril en la ONU.

Moderó la sesión María Jesús Rodríguez de Sancho, presidenta del Comité de Ingeniería y Desarrollo Sostenible del Instituto, organizador de la misma. La primera ponente fue Teresa Ribera, directora general de Iddri, el Instituto para el Desarrollo Sostenible y las Relaciones Institucionales, un think tank con sede en París.

Ribera señaló que va a haber “una agenda muy cargada en los próximos años”, tras un acuerdo que “marca un antes y un después”, pues se centra en la “resiliencia”, en prevenir frente a un clima diferente. También ha cambiado la asunción de responsabilidades de los países, dijo.

“El hito del cambio de tornas fue la Conferencia sobre el Cambio Climático de Copenhague 2009, donde por primera vez se plantea con crudeza la trascendencia que tiene el que las perspectivas de desarrollo de los países emergentes incorporaran plenamente la necesidad de incorporar modelos de desarrollo con bajas emisiones de CO2, y contribuyeran a reforzar la resiliencia al cambio climático”, recordó.

No es que antes los grandes emisores emergentes no entendieran, explicó. “Es que primaba la convicción de que ser país en desarrollo les colocaba en una postura de justicia histórica respecto a los países desarrollados, y solo se iban a esforzar si había ayuda financiera”.

En 2009 cambia el planteamiento, especialmente de India, cuyo ministro “tuvo que pagar políticamente el precio de reivindicar que el derecho que debía reconocerse era el desarrollo sostenible, y no el derecho a quemar carbón para acceder a energía, que no es lo mismo. Hay una especie de cultura de derecho al acceso a la energía clásica”, lamentó.

París se marca como objetivo “quebrar esto. El objetivo es que logremos salir de París gestionando el cambio, en lugar de esperar a que el cambio nos venga encima. Esto ha sido el centro del trabajo de la diplomacia francesa, desde dos años antes de la cumbre”.

El objetivo de la cumbre era, señaló, incorporar un tratado internacional y un conjunto de contribuciones de cada uno de los países, “según las prioridades nacionales de cada país”. También debía incluir un bloque relativo a la financiación, y hacer ver “hasta qué punto un cambio de modelo no requiere sólo de un marco regulatorio, sino de una acción coherente llevada a la práctica por gobiernos, instituciones públicas, y también actores privados”.

Lo que propone el acuerdo de París es “buscar fórmulas de asegurar que esa coherencia se va a dar a lo largo del tiempo. El objetivo común es definido contra todo pronóstico de una forma extraordinariamente ambiciosa, con dos fórmulas: se deben adoptar compromisos de reducción de emisiones de modo que la temperatura no debe ser mayor de 2 grados respecto a la era preindustrial (o incluso 1,5 grados); y todos los países deben comprometerse a un balance neto cero en la segunda mitad de este siglo”.

Teniendo en cuenta que ya estamos 1 grado por encima de la era preindustrial, dijo Ribera, el panel de científicos (IPCC) debe decir cómo reducir las emisiones. En cuanto al balance cero, el pico deberá alcanzarse en 2020-2025, y a partir de ahí bajar un 3, 4, 5 o 6% anual, con capacidad de absorción de emisiones a final de siglo.

Para que las contribuciones nacionales sean compatibles con ese escenario, señaló, se establecen varias premisas:

-se refuerzan la transparencia y la rendición de cuentas;
-todos los países tienen la obligación de explicar cómo van a ir alineando sus políticas para cumplir los objetivos que se han dado, y pueden actualizar sus contribuciones al alza, y nunca a la baja;
-ya no se trata de un único convenio internacional, sino que se busca una acción coherente en el resto de los espacios de actuación pública y privada. Se incentiva la creación de alianzas y partenariados.

A juicio de Ribera, ahora hay que centrarse en buscar los ámbitos de actuación más importantes. En concreto, citó el elemento financiero, que deja de ser solamente la puesta a disposición de herramientas financieras, y pretende “facilitar una evaluación de los costes de las distintas políticas. Este proceso cae sobre todo bajo la responsabilidad del G-20 y los reguladores financieros globales”. Asimismo, citó la obligación de rendición de cuentas a las empresas cotizadas.

Por último, los países deben ver cómo conseguir que las emisiones de carbono a corto plazo sean compatibles con los objetivos a medio y largo plazo. “Hará falta un sistema eléctrico libre de emisiones de gases de efecto invernadero y muy eficiente”.

Las empresas

Por parte de las empresas participó Valentín Alfaya, director de Calidad, Prevención y Medio Ambiente de Ferrovial, que habló también en nombre del Grupo Español para el Crecimiento Verde, una asociación de empresas que surgió en colaboración con el Ministerio de Medio Ambiente, pero que ahora es sólo privado.

Estas empresas, entre las que hay suministradoras de energía del carbón como Endesa y Gas Natural Fenosa, además de la propia Ferrovial, Abertis, Abengoa o BBVA, consideran que “si bien reducir emisiones tiene ciertos riesgos, lo que de verdad tiene es grandes oportunidades”. No se trata de “sacar pecho”, dijo, sino de “influir en que cambien las cosas en España y en la Comisión Europea, con una visión a largo plazo que dote de certidumbre”.

En el Grupo hay también pymes “pioneras” en esta idea, como Ecoalf o Contazara. Para pertenecer hay que firmar “unos principios muy exigentes y comprometerse a hacer lobby para reducir las emisiones”.

Alfaya señaló que España está muy bien colocada frente a las oportunidades del cambio, gracias a sus capacidades tecnológicas. Es imprescindible, señaló, una colaboración público-privada estable a largo plazo. Las empresas del Grupo firmaron en mayo pasado la Declaración de Barcelona, en la que se apuesta por la descarbonización de la economía.

Uno de los principios que deben regir el cambio, dijo, es seguridad jurídica, para lo cual debe haber “coordinación institucional, legislativa. Que un departamento no deshaga lo que ha hecho el otro. Y también coordinación Estado-autonomías-Ayuntamientos.” La certidumbre permitirá una “transición ordenada”, especialmente para los sectores que no están tan preparados para el cambio. En concreto, Ferrovial tiene “negocios en la pole position, pero otros como el transporte aéreo no. Y es difícil que sea verde, aunque se intentará que al menos sea poco contaminante”.

Todo lo que se haga tiene que estar basado en “el desarrollo tecnológico y la innovación, sin improvisar”. Asimismo, el Grupo plantea “reformas profundas del modelo fiscal, en beneficio de los que aportan valor en la reducción de emisiones”.

A su juicio, el pre-acuerdo de París, entre 189 países, que suponen el 97% de las emisiones, “genera certidumbre”. Hace 10 años “sólo venían, con perdón, los frikis de la inversión socialmente responsable. De un tiempo a esta parte, todo el mundo pregunta por estos temas, y las empresas tenemos que estar preparadas para responder. Hay un montón de inversores ahí fuera interesados”.

Sólo el hecho de que exista el acuerdo “va a activar inversiones en proyectos de bajas emisiones”. El hecho de que se vayan a revisar los objetivos cada cinco años “hará inevitable que suban en ambición”.

En opinión de Alfaya, a la conferencia de París le ha faltado “certidumbre sobre los compromisos, que haya un sistema de rendición de cuentas transparente y solvente”. Ferrovial, por ejemplo, “no está en muchos países con grandes oportunidades porque no dan seguridad jurídica”. En ese sentido, apostó por explotar el Green Climate Fund, un mecanismo de la ONU para apoyar a los países en desarrollo en la mitigación del cambio climático, de modo que alcance los 100 mil millones de dólares anuales en 2020.

Es importante asimismo que el carbono tenga un precio, “ya sea por impuestos, incentivos fiscales, por la bolsa de derechos; es importante que haya un estímulo económico para que muchas inversiones se puedan activar. Las empresas estamos empezando a desarrollar un mecanismo para introducir un precio de carbono en nuestras emisiones, que introduzca las tendencias regulatorias, etc.”

Para una empresa, enseñar “una tarjeta de presentación solvente de reducción de emisiones es crítica si se quiere tener credibilidad”. En 2007 Ferrovial se puso a evaluar riesgos y oportunidades, algo que Alfaya recomienda a todas las que se vayan a ver afectadas por el cambio climático. “esto se ha convertido en un riesgo cierto para las actividades económicas: merece la pena invertir en ello”.

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